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[OPINIÓN] Reforma al binominal: cuidado con el gato por liebre


¿De qué serviría un sistema electoral proporcional corregido, si no hace más que ratificar la posición preferente que adquirieron diversos partidos gracias al binominal? (Por C. Miranda).


23 de enero, 2012

Por César Miranda. Vocero de Red Liberal (redliberal.cl), egresado de Derecho y docente.

"El sistema binominal ha asegurado durante mucho una competencia escasa o nula en materia electoral para las grandes coaliciones electorales del país".

La reforma al sistema binominal parece por fin estar llegando a puerto. Le costó 22 años al establishment político ponerse de acuerdo -pero de verdad- en que la situación ya era insostenible.

Sin embargo, detrás de estas aparentes buenas intenciones, puede esconderse un remedio peor que la enfermedad. Porque si bien buena parte del Congreso pareciese estar de acuerdo en que el sistema requiere revisión, no por ello podemos tener garantía de que el resultado será bueno.

Uno de los efectos de los monopolios u oligopolios es que, de no lograr detenerlos a tiempo, corres el riesgo de que alcance una posición en la cual su poderío sea irreversible, aunque te esfuerces por abrir dicho mercado a la competencia. Y claro, ¿de qué forma puede competir un nuevo oferente con aquellos que han alcanzado tal grado de solidez y posicionamiento en el mercado gracias al monopolio u oligopolio que el Estado les aseguró por un buen tiempo?

El campo electoral no es la excepción. El sistema binominal ha asegurado durante mucho una competencia escasa o nula en materia electoral para las grandes coaliciones electorales del país. Finalmente estos conglomerados en las elecciones para diputados y senadores no competían por el escaño, pues lo tenían asegurado, sino que competían por determinar cuál sería el nombre del cupo electoral. Y he allí lo perverso del sistema binominal: incentiva la colusión para evitar la competencia, una pesadilla para todo aquel que se denomine liberal.

Es tragicómico pensar que a este sistema a prueba de competencia se le aseguraba, mediante la Ley de Partidos Políticos, que cualquier nuevo oferente tendría la difícil tarea de cumplir con los requisitos para transformarse en partido (requisitos muy difíciles de cumplir para cualquier fuerza nueva) y peor aún, que debería continuar cumpliendo una vez ingresado al mercado.

Y así los partidos pertenecientes al status quo se hicieron grandes, cortesía del Estado. ¡Ycómo no! Así cualquiera.

Este defecto de origen que ha posicionado a estos oferentes en una posición radicalmente privilegiada es el que amenaza que la reforma al binominal puede terminar siendo peor que el binominal mismo. ¿De qué serviría un sistema electoral que se autodenomine proporcional corregido si no hace más que ratificar la posición preferente que adquirieron diversos partidos gracias al binominal?.

Toda reforma al sistema electoral actual debe recordar que el problema no radica tanto en el nombre del sistema sino en la escasa representatividad que ha significado a través de los años. Por lo mismo sistemas uninominales o proporcionales corregidos que terminen haciendo ganar a los partidos que se beneficiaron del oligopolio político durante estos 22 años no pasa más allá de ser un sistema con los mismos defectos del binominal pero con nombre distinto.

Por lo mismo, más allá de los consensos, los mensajes, los abrazos y las declaraciones, lo que importa es la propuesta concreta para modificar el sistema electoral y su forma de resolver los defectos que ha presentado el binominal hasta el día de hoy. Cambiar un LADA por un Mercedes Benz que anda a la misma velocidad no es la solución si lo que queremos es avanzar más rápido. Y si queremos un sistema electoral más representativo, el nuevo sistema debe apuntar a eso y no a un mero cambio de nombre.

( )* Columna para VitrinaSur del medio asociado sentidoscomunes.cl

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